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"Frente a los futbolistas, somos estrellas de otro planeta"

08-05-2011 04:30
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El bailarín murciano José Carlos Martínez. bernardo doral

El bailarín murciano José Carlos Martínez. bernardo doral

­­José Carlos Martínez (Cartagena, 1969) se enfrentará el próximo 14 de mayo a un día histórico. Palma va a verle bailar por última vez como estrella del Ballet de la Ópera de París. A los 42 años expira su contrato como principal bailarín de la formación y le espera la dirección de la Compañía Nacional de Danza, cuyo repertorio irá ampliando. "Sus integrantes deberán poder bailarlo casi todo", sostiene. El próximo día 14 interpretará junto a Agnès Letestu fragmentos de piezas representativas del ballet parisino en la gala de estrellas de la Ópera de París que abre la XVI Temporada de Ballet de Mallorca. En el programa, una coreografía personal, Mi Favorita; dos piezas de Nureyev, Cenicienta y Raymonda, y otra de Forsythe.

–¿Cuando baila controla todo lo que hace?
–Siempre hay una parte que se te escapa. Trabajando con técnica uno puede estar lo más cerca posible del control. Pero al fin y al cabo es cálculo vivo. Siempre hay una parte de improvisación, y hay que reaccionar ante lo que sucede en aquel momento. El director de orquesta puede que vaya más rápido o que se apague la luz. Esa parte es la que más me gusta. Si fuera siempre igual, me aburriría.
–Riccardo Muti acaba de ganar el Príncipe de Asturias de las Artes. ¿Por qué hay pocos bailarines en el histórico de galardonados?
–Maya Plisetskaya y Tamara Rojo también lo consiguieron. Y hubo otra candidatura con varios bailarines entre los que estaba yo pero que al final no cuajó. Poco a poco vamos entrando ahí.
–A su predecesor, Nacho Duato, se le atragantaba el clásico. ¿Llegará usted de puntas?
–(Risas) No va a ser un cambio radical. Quiero usar las cualidades de los bailarines. Seguiremos haciendo el repertorio y el estilo de danza que se ha hecho hasta ahora. La punta va a ir entrando. No van a estar bailando todos sobre puntas este año. Voy a trabajar por la calidad. Todo depende de los bailarines y del tiempo que estén para adaptarse. El contrato de los bailarines llega hasta julio de 2012. Veremos hasta dónde pueden llegar. E iremos introduciendo savia nueva poco a poco. Hay que cambiar el perfil de bailarín.
–¿Cómo es ese perfil?
–El bailarín ideal para la compañía es aquel que pueda interpretar piezas clásicas, neoclásicas y que tenga ganas de trabajar con coreógrafos contemporáneos. La CND debería ser como las grandes del resto del mundo, pero de formato medio. Podemos tener las características del repertorio de las grandes, como la formación de París.
–¿Es posible ser el mejor en clásico y contemporáneo a la vez?
–Ser el mejor es difícil en el mundo de la danza. Es algo subjetivo también. Las compañías clásicas de hoy ya no hacen sólo El Lago de los Cisnes o Giselle. En el Bolshoi también hacen contemporáneo. Incluso Nacho Duato está trabajando ahora con los bailarines clásicos del Mijáilovski de San Petersburgo. En España aún se piensa que los bailarines de clásico sólo bailan clásico. En mi caso, he bailado el príncipe de La Bella Durmiente y he trabajado con Pina Bausch y William Forsythe. Mitad del año hago clásico y la otra, contemporáneo. Éste es el perfil que tenemos ahora todos los bailarines de la Ópera de París.
–Pero la CND no es una Ópera.
–No. Nosotros somos 150 bailarines. La Compañía sólo 44. El repertorio de la CND debe ser un mix de coreógrafos actuales y de coreógrafos emergentes españoles para darle identidad a la compañía. Pero debe contar también con un repertorio de vocabulario clásico. Es decir, la CND tiene que llegar a bailar a Balanchine. Por otra parte, debo decir que los contemporáneos cada vez trabajan más con puntas.
–¿A qué se debe?
–La punta tiene una sensualidad y un movimiento diferente al contemporáneo. Básicamente es una cuestión de sensualidad.
–¿Puede crear la danza un millón de enemigos?
–No sé. El problema que yo veo en España es la falta de compañías. Sólo hay una CND. Sólo hay plazas para 40 bailarines y todo el mundo quiere estar ahí. Si hubiera más compañías habría menos enemigos. Falta sitio para trabajar en España. Por otra parte creo que también hay que abrir las puertas de la CND para tener menos enemigos.
–¿Interpretarán obras de Duato?
–Me gustaría. Depende de él. Si nos da permiso.
–¿Cisne blanco o cisne negro?
–Un poco los dos. Cisne multicolor. Soy muchas facetas juntas.
–¿La figura de estrella se la reservamos al fútbol en este país?
–A nivel mediático sí. Está claro. Pero la gente de la danza sí tiene sus estrellas. Pero somos estrellas de otro planeta.
–Nureyev estaba en el tribunal de su entrada en la Ópera de París. ¿Qué defectos hubo de ocultar?
–No es tanto que no vean tus defectos, sino que tus defectos se conviertan en virtudes. La verdad es que hacer esa audición fue terrible.
–En el documental La danza Brigitte Lefèvre dice que el bailarín es mitad monje mitad boxeador. ¿Cuadrilátero o celda?
–Eso es exagerado. Monjes quedan pocos. Yo soy más boxeador que monje. Pero lo mío es boxear con los pies. El de ahora es un bailarín que vive en la sociedad. Eso de estar en un monasterio se acabó. Creo que esto pasó cuando los clásicos dejaron de ser clásicos.
–Pina Bausch, por ejemplo, se entregaba al placer de fumar, ¿no?
–Sí. La recuerdo con nosotros bailando y ella siempre con el cenicero al lado. Ahora no podría hacerlo. La última vez que trabajé con ella ya no podía fumar en el estudio por la ley Antitabaco francesa. Nos buscó una sala pegada a una salida.
–¿Le resultaba complicada la danza expresiva y de psicodrama de la alemana?
–En ella hay menos saltos y giros, se necesita menos fuerza física para ejecutarla. Pero hay que abandonarse. Con Bausch baila más la persona que el bailarín. Es como si te desnudaras. Y hay gente que no puede. Cuando vino a París para trabajar con nosotros, hubo bailarines que lo dejaron al cabo de unos días. Hay que olvidarse de lo que somos y estar a disposición de Pina.
–¿Se acostumbra uno al dolor?
–He tenido suerte con las lesiones. Han sido pocas. He tenido cosas leves pero que podían durar mucho tiempo, como una tendinitis en la rodilla. Uno se acostumbra a vivir con dolor, sí. Pero eres más feliz cuando te crees que por ese dolor no conseguirás hacer algo y finalmente lo logras. El dolor desaparece en el acto.
–¿Cómo se representa el silencio en la danza?
–Para mí sería el hecho de no estar en movimiento. Es necesario también para dar más volumen o a lo que viene antes o a lo que viene después de ese silencio. Es importante.
–¿Está obsesionado con la perfección?
–Lo estoy cada vez menos. Pero lo estuve mucho. Cuando eres estrella debes demostrar que lo eres. Debes acercarte a la perfección lo máximo posible. Luego te das cuenta de que no es posible alcanzarla.
–¿Prefiere bailar sobre la punta derecha o la izquierda?
–Soy zurdo.
–¿Y de izquierdas?
–(Risas) No forzosamente. Pero me han obligado a bailar con la derecha. Por eso ahora bailo sobre los dos pies.
–Gérard Mortier, el nuevo responsable del Teatro Real, afirma que todo arte siempre es político. ¿También la danza?
–No tiene por qué serlo, pero necesita el respaldo político. Ellos son los que deciden qué se puede hacer y qué no. Es un arte muy abierto, pero el coreógrafo siempre tiene su intención.
–¿Cuál es su definición favorita de la danza?
–La de Mats Ek: "La danza es pensar con el cuerpo".
–¿A quién le bailaría el agua?
–Le bailaría el agua a Almodóvar. Me encanta su arte. El representante de España en Francia era Almodóvar. Sé que a muchos españoles no les gusta verse reflejados en sus películas. Puede resultar duro. En Francia te aseguro que sus filmes se veían de otro modo. Era como descubrir algo nuevo. Yo llevo 23 años en el país galo. Por mi cultura francesa admiro mucho a Almodóvar.

Gala de estrellas de la Ópera de París
Lugar: Auditòrium.
Día de espectáculo y hora: 14 de mayo a las 20.30 horas.
Entradas: De 35 a 50 euros en las taquillas del Auditòrium.

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