s. sansó No hace falta ser muy viejo para comprobar la evolución espectacular que la fiesta de Sant Antoni ha tenido durante los últimos 25 años en Manacor. De ser una festividad tradicional pero con poca presencia de público a mediados de los ochenta, a convertirse en un referente indiscutible. Ayer, decenas de miles de personas circularon por una ciudad tomada por el rojo y el negro, por la bicicletas y los foguerons, por las gloses y las herbes dolces.
Por la mañana fue el momento de acabar de perfilar las hogueras decoradas al más puro estilo fallero, siempre críticas y que este año lanzaron sus dardos en forma de rimas y cartón piedra, hacia la reforma fallida de la iglesia de Els Dolors, el conflicto lingüístico, el caso Urdangarín y, sobre todo, el desafortunado proceso jurídico y político del puente del Riuet de Porto Cristo que acabó en demolición: Sant Antoni ha arribat/ I el dimoni l'espera/ El jutge es desespera/ Per tomar el pont aviat. Com se pot ser tan bandarra!/ Sense feina els d'aquí/ Que una empresa de Navarra/ Tomi un pont mallorquí. Más de un centenar de ellos de diseminaron entre los distintos barrios, bares y asociaciones de la ciudad. Una ruta perfecta para recorrer a pedales.
A las 14 horas la plaza des Convent ya presentaba un aspecto espectacular para que media hora más tarde los dimonis asaltaran un año más la sala de plenos. Sus bailes frente a la casa consistorial desencadenaron la locura entre los más de 6.000 asistentes y el desenfreno de unos cánticos, que como mantras se repitieron a lo largo del recorrido del santo y sus tentadores. Un itinerario que de nuevo pudo seguirse vía internet y teléfono móvil.
A las 19,30 horas y con un conato de lluvia incluido llegaba el otro pico de audiencia: la parroquia de la Mare de Déu dels Dolors era el lugar y el Cant de Completes la 'excusa' religiosa perfecta para la fiesta. Unas 4.000 personas más, no solo llenaron el templo sino que presenciaron a lo lejos desde fuera el espectáculo. A las 20 horas llegaba la encesa del primer fogueró frente a la Rectoría y el 'permiso' para empezar la torrada.