Georgina Sas. Palma El análisis más profundo que un artista puede hacerse es el autorretrato, los hay célebres: de Picasso, Lucian Freud, Frida Khalo, Andy Warhol, Courbet, Rembrandt…, todos ellos realizados desde una mirada examinadora que define su presencia en la vida pero también en el arte.
Con un espléndido montaje, Esther Ferrer (Donostia, 1937) presenta en Es Baluard una forma de visualizar los conceptos que la acompañan desde los años sesenta, primero como miembro del grupo Zaj, y desde 1973 como artista independiente, exhibiendo su habilidad para actuar sin afectación ni teatralidad.
Ferrer es una artista veterana de la performance que se vio en su momento influida por John Cage y su espíritu zen del que tanto se ha hablado estos últimos días tras el fallecimiento del gran Antoni Tàpies. Ese zen, ese crecimiento desde el silencio, reivindicando el derecho del individuo a vivir según su propia conciencia, en plena libertad, éste creo que es el sentido más permanente y evidente de la artista donostiarra.
A Esther Ferrer está claro que no le interesa diferenciar la vida real del arte, por ello ese uso de objetos cotidianos y entendiendo el performer como un mediador, quizá sin ninguna otra trascendencia.
Cuando Ferrer piensa en el infinito, piensa en el espacio. Un espacio sin tiempo, de ahí sus trabajos con los números primos, los decimales de Pi…, puede que a través de los sueños evoque su recuerdo latente, nada más, ni una sola prueba empírica.
Fotografías, instalaciones, obras performáticas, vídeos, objetos…, componen una obra que reflexiona sobre la representación del tiempo y hace partícipe activamente al espectador. El azar también forma parte de nuestras vidas y los objet trouvé de Duchamp analizan nuevas dimensiones estéticas e influyen en el discurrir de sus acciones.
Tiempo, infinito, presencia y repetición son la melodía en cuatro movimientos con partituras a modo de instrucciones. Ya lo decía John Cage: "las ideas son una cosa y lo que sucede es otra".
En quatre moviments
Esther Ferrer
Es Baluard. Museu d'Art Modern i Contemporani de Palma
Plaça Porta Santa Catalina, 10 (Palma)
Hasta el 22 de abril