Existe el consenso unánime de que Jordi Herrera es, antes por Satellites y ahora por The Marzipan Man, uno de los músicos más relevantes de Balears de los últimos 15 años. Tras un año actuando por toda la península y en gran parte de los festivales más renombrados, cerrará la gira con una actuación de lujo en un marco de lujo: formación ampliada a ocho integrantes y visuales en pantalla gigante hoy, en el Teatre Principal de Palma.
—¿A qué da derecho en España ser un músico de gran talento?
—A nada. Y ser referencia, de culto o legendario significa que nadie ha escuchado tu disco.
—¿Sus canciones serían diferentes con una posición económica desahogada que le permitiera preocuparte sólo de la música?
—No lo creo. Aunque ese ideal tipo anglosajón no es tan común: muchos se lo permiten porque son hijos de familias adineradas, aparte de que en esos países la excentricidad es valorada.
—Es de suponer que le apetece más escribir canciones para Marzipan que no para Satellites.
—Sí, aunque después de dos discos de Marzipan ya detecto bucles en los que había entrado con Satellites.
—¿Su método de composición ha cambiado con los años?
—Hay muchos métodos, y cada vez es más abierto. Antes escribía canciones en función de los pocos acordes que me sabía, y ahora puedo hacer una canción a partir de menos cosas, como una simple idea.
—¿La versatilidad de Marzipan [actúa en solitario, como cuarteto, quinteto, etc.] es uno de sus grandes alicientes?
—Sí, y que si con Satellites era personal y autobiográfico, Marzipan tenía que ser lo contrario. Mi música trata de llenar los huecos de mi colección de discos.
—Sólo existen dos tipos de músicos: los que creen estar en el mejor grupo del mundo y los que no. ¿De qué tipo es usted?
—A veces, en el escenario, creo que lo estoy. Pero cuando me bajo, nunca.
Último concierto de la gira Adventures
Lugar: Teatre Principal de Palma. Hoy, a las 21 horas, 10 €.
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