Rutas y excursiones

El Camí de sa Foradada

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Valldemossa - Illes Balears - Mallorca

De Son Marroig a S'Estaca, dos posesiones de l'Arxiduc unidas por los caminos de Sa Foradada y el de la Mar. Una ruta admirable que no ha resistido la fuerza de la naturaleza y que presenta algún tramo estropeado.

Ruta Sa Foradada

Ruta:
Son Marroig (Carretera Valldemossa-Deià km. 65,6); Mirador de sa Foradada; Mirador des Rotlo Gros; Sa Foradada; Camí de la Mar, Es Guix, Es Caló de s'Estaca; Carretera del Port de Valldemossa

Nivel de dificultad: medio

Duración: 4 horas

Distancia: 7,3 km.

Desnivel: 339 metros

Recomendaciones: El Camí de la Mar conviene tomárselo con calma, debido a los numerosos desprendimientos que lo hacen casi impracticable

Puntos de interés

1. Son Marroig: casa museo que perteneció al Arxiduc Lluís Salvador y que puede visitarse

2. Mirador de sa Foradada: construido entre 1877 y 1884 y que sirvió de merendero

3. Sa Foradada: desde lo alto se pueden contemplar las hermosas vistas de la Serra. En el siglo XVI se estableció aquí una guardia costera.

4. Es Guix: pequeña playa, impracticable ahora a causa de los desprendimientos, muy frecuentada por el Arxiduc, quien ordenaba instalar una caseta de madera en los meses de verano

5. Es Caló de s'Estaca: antiguo refugio de pescadores formado por una quincena de casitas y un embarcadero en que resulta fácil y cómodo darse un chapuzón.

Itinerario:

1. Son Marroig

El punto de partida de esta excursión lo encontramos en Son Marroig, cerca del punto kilométrico 65,600 de la carretera que une Valldemossa con Deia. Existe un aparcamiento y un frecuentado balcón, el Mirador des Galliner. Nos dirigimos hacia las casas, por un camino asfaltado, dejando a la derecha un restaurante que le saca partido a las vistas. Una gran torre de defensa del siglo XVII preside Son Marroig, cuyas cases constan de dos plantas. En sus orígenes perteneció a la familia Masroig. L'Arxiduc compró la finca a Catalina Marroig i Sampol en 1878. A su muerte la heredó su secretario, Antoni Vives. Ahora es propiedad de la nieta de éste, Isabel Ribas i Vives, hija del pintor Antoni Ribas y Silvia Vives. El legado de l'Arxiduc se puede conocer. El museo está abierto al público desde 1929. Se pueden observar pinturas de Antoni Ribas, Joan Bau, Anglada Camarasa, Joaquim Mir y otros. Son Marroig también es escenario cada verano del Festival de Música de Deia. Pocos metros después de las cases, a la altura de un aljibe, debemos coger el camino que nace tras una barrera que nos recuerda la prohibición de portar perros, encender fuego y acampar. Desde el camino podemos contemplar el Mirador de Son Marroig: queda a nuestra derecha y es el más elegante de los miradores que mandó construir l'Arxiduc. Se puede visitar desde los jardines de Son Marroig. Consta de ocho columnas jónicas y una cúpula semiesférica.

Está cortado en mármol blanco y desde él se disfrutan de las incomparables puestas de sol. Franqueamos la barrera por su escalerita y nos adentramos en el Pla de Ses Figueres, entre olivos. El asfalto deja paso a la tierra. Antes de que Luís Salvador de Austria ordenara abrir un camino carretero desde Miramar a Sa Foradada, este tramo se cubría por un empinado sendero.

2. El Mirador de sa Foradada

El Camí de Sa Foradada fue planeado y trazado por el propio Arxiduc con la ayuda de los maestros Miquel Ripoll y Joan Macia. En la primera curva, si alzamos la vista, distinguimos el hotel Encinar, construido sobre lo que un día fue S'Hostatgeria de Miramar, popularmente conocida como Ca Mada Pilla. Dejamos a la izquierda un vial y seguimos bajando. Muy pronto llegamos al Mirador de Sa Foradada, situado a mano derecha. Está al borde el precipicio y fue construido entre 1877 y 1884. Era utilizado como merendero.

EL MIRADOR DES ROTLO GROS
Superamos otra barrera y a partir de este momento el camino se precipita. Pasadas unas pocas curvas a derecha e izquierda el camino se pega a las peñas de Ses Caves, formadas por estalactitas y grutas caprichosas. Dos curvas después nos situamos en el Mirador des Rotlo Gros, levantado para que el Arxiduc contemplara Sa Foradada. En días de temporal, el ruido de las olas estremece incluso aquí arriba, en la distancia. Se accede a él a través de una pronunciada escalera. Unas curvas después llegamos a un importante cruce de caminos. Por la izquierda nace el Camí de la Mar, que nos llevará hasta es Guix, desde donde continuaremos hacia s'Estaca y el Port de Valldemossa.

3. Sa Foradada
Nuestro camino ahora prosigue por la derecha, en dirección a Sa Foradada. Avanzamos por un bello tramo asomado al mar, protegido por un muro lateral, con es Cocó a la derecha. Dejamos a la izquierda la entrada a un restaurante y chalé, y bajamos hasta el viejo varadero para tomar fuerzas de cara a la subida a lo alto.de Sa Foradada. El acceso a la cima de Sa Foradada no es muy difícil. Hay que subir las escaleras del varadero, en dirección al restaurante, pero antes de girar hacia éste debemos fijarnos en unos puntos rojos marcados en las rocas de la izquierda. Superado el paso, se trata de subir la cuesta que nos separa de la cima (39° 45' 20,781" ! 2 °37'11,748"). Desde lo alto se pueden contemplar hermosas vistas dominadas por Son Marroig, Can Mada Pilla o la Torre de Ses Pites. En el siglo XVI se estableció en Sa Foradada una guardia costera para ahuyentar a posibles invasores, algo que resultó práctico el 13 de mayo de 1582, cuando el capitán Mateu Sanglada y sus hombres espantaron a varios centenares de sarracenos que habían desembarcado en Sa Foradada.

4. Es Guix
Volvemos al cruce, en el que nace el Camí de la Mar, donde finalizamos la bajada viniendo de Son Marroig. Giramos ahora a la derecha para conocer el que era uno de los caminos preferidos del Arxiduc. El Camí de la Mar enlazaba es Guix con Sa Foradada, y servia de unión entre las possessions de Miramar y Son Marroig por la orilla del mar. Su construcción no fue ejercicio fácil; se tardaron ocho años, entre 1877 y 1884. Comprobaremos que la fuerza del mar y los desprendimientos prácticamente lo han hecho desaparecer. A pocos pasos del cruce existe una variante que baja al mar, a un viejo embarcadero que fue utilizado como lugar de carga y descarga para las obras de las casas de Son Marroig. Nuestra ruta continúa por el camino que pronto desaparecerá. Avanzamos entre rocas caídas, siguiendo el itinerario que nos marcan los hitos. Atravesamos el imperceptible curso del Torrent de les Ólibes y recuperamos el camino, en un tramo asentado sobre grandes bloques. A nuestra izquierda queda el Barranc de Son Gallard. Proseguimos por un camino de cabras, aunque en algunos momentos nos vemos obligados a movernos sobre las grandes rocas situadas a pocos metros del mar. Dejamos atrás los Esculls des Guix y llegamos a la playa de Es Guix, impracticable a causa de los desprendimientos. Esta playita (39°44'35.057" ! 2° 36' 55.528") era muy frecuentada por l'Arxiduc, que hacía instalar, cada verano, una caseta de baños hecha de madera.

Salimos de la playita trazando una curva a la izquierda, hacia el merendero de Es Pedrís des Penyals, también construido por el Archiduque. Lo reconoceremos por unas lamentables pintadas de color rojo en las rocas. Saliendo del merendero, en la primera curva, nace el Camí des Guix que sube hasta Miramar (descrito en otra ruta, la 16), uno de los primeros caminos hecho por los hombres del Arxiduc. Nuestro itinerario sigue con el mar siempre a la derecha. El sendero está invadido por la vegetación, hasta que pasamos un botador de madera. Dejamos a la derecha los terrenos de cultivo de la Rota d'en Mosson y llegamos a una bifurcación.

5. El Caló de s'Estaca

Por la derecha bajaríamos hasta Es Caló de S'Estaca, antiguo refugio de pescadores que nos cautivará. Por la izquierda, subimos en dirección a s'Estaca. S'Estaca destaca por su color blanco sobre el verde de las recuperadas viñas y el azul del indómito mar. Fue adquirida por el Archiduque entre 1873 y 1876. Está construida al estilo siciliano, con una crestería que remata el perfil de la azotea. Nuestra excursión concluye unos pocos metros antes del punto kilométrico 4 de la carretera del Port de Valldemossa.

Texto y fotos: Gabriel Rodas

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