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Gran Wyoming

"Hay que presionar a Europa y decirles que no hay para comer"

Humorista, actor, músico y presentador de televisión. El director de 'El intermedio' celebrará con Los Insolventes, su banda para desintoxicarse del trabajo en el programa de La Sexta, el fin del festival del humor 'Ja Ja!' El concier
03-12-2013 05:30
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José Miguel Monzón Navarro (Madrid, 1955) es el Gran Wyoming.

José Miguel Monzón Navarro (Madrid, 1955) es el Gran Wyoming.

–¿Las cuchillas: en el humor o en las fronteras?
–En ningún sitio. Reduzco su uso por cuestión laboral y únicamente para afeitarme. En la comedia tampoco deben tener lugar. El humor no tiene que ser sangrante.

–Complete la frase: Se ha muerto Alfonso Armada, si éste fuera un país normal...
–Ya se sabría la verdad.

–¿Le envía su pésame al Rey?
–Bueno, yo creo que el Rey jugaba en los dos equipos.

–¿Acatará la ley de Seguridad Ciudadana?
–No voy a ser merecedor de que me la apliquen. En serio, espero que no llegue a salir. Estos señores del PP están viajando no al centro, sino a un tipo de paraíso que para ellos es de extraordinaria placidez. Por eso nunca llegan al centro: ¡justamente van en el sentido contrario!

–¿Ya ha leído el libro de Zapatero: El dilema: 600 días de vértigo?
–Aún no. Me leo siempre este tipo de libros por cuestión laboral y para tener datos, pero las autobiografías suelen ser autocomplacientes. De todos modos, las memorias de Zapatero tienen una cosa buena: la publicación de la carta del Banco Central Europeo de la que se desprende claramente que los países pierden la soberanía nacional y en la que se dice qué es lo que tenemos que hacer exactamente. Él retrasó y congeló esas medidas que contenía la misiva todo lo que pudo. Y Rajoy las ha ido aplicando todas.

–El presidente asegura que no le quedaba otra opción.
–La modificación de la Constitución Española [la realizada en 2011 que introducía la prioridad absoluta del pago de la deuda y los intereses] no tendría que haberse llevado a cabo nunca. Supone la imposición de un modelo neoliberal para que ellos recuperen lo invertido bajo cualquier concepto, da igual si se sacrifica a un pueblo entero. Ahí es donde los políticos deben decidir si sacrifican al pueblo español o retrasan la deuda. La opción es abrir un debate en el seno de Europa. Hay que ponerles contra las cuerdas y decirles que no hay para comer. En Alemania, el presupuesto para Educación se ha incrementado un diez por ciento. ¿Por qué en nuestro caso no puede ser así? ¿Somos socios o no? Porque ser socio implica compartir los beneficios, y no quedarse uno con ellos y el otro con las pérdidas.

–¿Cuándo se dio cuenta de que la injusticia le quitaba la vida?
–Siempre. Ya en el colegio me sentía incómodo cuando castigaban a alguien injustamente. O, por ejemplo, cuando trataban peor a los alumnos becados que a los de pago. Porque eso ya sucedía. Y además se les decía a los chicos a voz en grito. Los niños becados no tenían los mismos derechos.

–¿Cree que han cambiado las cosas?
–Ahora es casi peor porque esa situación que antes se decía en voz alta ya se ha legalizado y normativizado con la LOMCE, una ley que parte de la pregunta: ¿por qué va a tener la misma educación un pobre que un rico? El nivel de crueldad es tal que se llegan a eliminar las becas de comedor. En España ya hay dos millones de niños que están bajo el umbral de la pobreza. Aquí, en Madrid, hay mucha gente que está organizando bancos de alimentos que recogen comida para la gente. En este decorado nuestro, no tiene sentido que pasen este tipo de cosas. Son situaciones que no podían esperarse. Esto es nuevo y estoy seguro de que es innecesario y de que es producto de la crueldad de la gente que nos administra.

–Usted fue al colegio con Juan José Millás. ¿Qué les dieron allí para tener tanto espíritu crítico?
–Fuimos al mismo colegio, sí. Pero me enteré después porque lo leí en un libro. La verdad es que era un colegio muy duro, en el que pegaban mucho. Verdaderas palizas. Puede que el espíritu crítico venga de ahí. En un lugar así uno se da cuenta enseguida de que la vida tiene vallas y alambrados.

–¿De dónde le viene su afición por comentar las noticias?
–En realidad ha sido por contrato profesional. Siempre he escrito artículos de opinión en prensa y como colaborador. Ya lo hacía en un periódico madrileño que ha desaparecido, El Sol. Nunca me he visto como periodista, en el sentido de estar en una redacción o investigar temas. Pero sí me gusta opinar como testigo.

–Matas regresa al banquillo por presunta corrupción. ¿Saldrá hoy [por ayer] en su programa?
–No sé si será hoy [ayer], pero es posible que esta noche [anoche] hablemos de Aznar, de quien se ha publicado que Blesa le buscó un contrato como comisionista de una empresa que vendía armamento a Venezuela. Y en realidad el expresidente no ha negado la información en sí. Él lo que ha dicho es que no ha cobrado nada. Estoy muy sorprendido con la justicia tanto con el caso de Matas, a quien se le embargó el palacete, luego se le devolvió y parece que su patrimonio ha quedado intacto, como con Carlos Fabra, que ha sido absuelto de tráfico de influencias. En el caso del valenciano, el juez ha ignorado que la corrupción es el hecho de cobrar en sí y no el botín.Es como si unos ladrones entran en casa de alguien a robar y sólo encuentran 2.500 euros y quedan absueltos. El delito en sí es ya el atraco, no la cantidad. Pero este país es acojonante. Encima Fabra puso luego demandas de tutela del derecho al honor para que se lo restituyeran. Si para Rajoy, Fabra es un ciudadano ejemplar [sic], pues todos defraudaremos a Hacienda como él hizo.

–Muchos humoristas opinan que la sátira política española sólo se hace desde la banda izquierda. ¿Está de acuerdo?
–También los hay del otro bando. Los que dicen eso es porque son de esa otra parte y les duele que no se critique a sus contrarios. Estaría bien que pusieran las fechorías sobre la mesa de unos y otros para ver la diferencia. La crítica debe ser en función del daño que se causa. Nosotros también hablamos de los sindicatos y de los EREs, pero es que del PP podrías hablar años sin parar. De Llamazares, por ejemplo, no tengo nada en contra de él. Pero es una falacia lo que se dijo de su persona. Fue acusado de desayunar muy bien en un bar donde sirven cruasanes muy caros. Para colmo, luego se comprobó que en realidad no iba a ese lugar. Luego Cándido Méndez salió en la portada de un diario con un supuesto Rolex, que al final tampoco lo era. Algunos medios de derecha se pueden permitir el lujo de practicar una crítica exacerbada por poca cosa y en cambio el PP sigue pareciendo recibir un trato de favor. Cuando se habla de sus errores se utilizan las palabras "falta de coordinación", "contradicciones", cuando, por ejemplo, en otro país como Inglaterra se les tildaría directamente en las portadas de "ladrones" y "mentirosos". Millás escribió un artículo a partir de insultos –"ladrón, imbécil..."– extraídos de artículos de opinión de la prensa dedicados a Zapatero. Esas palabras no se han vuelto a repetir con Rajoy cuando creo que hay más motivos para llamarle todas esas cosas.

–¿Cree que en España los humoristas se están convirtiendo en líderes de opinión?
–Espero que no. Pero es que alguien tiene que hacer esas cosas porque nadie las hace. Ahora estamos en el periodo de la urgencia. Urge un decálogo de prioridades, una línea roja infranqueable en sanidad, educación y pensiones. Estos señores han vendido la sanidad al mejor postor, a sus amigos. Y todo lo público lo están privatizando.

–¿En qué se parece un rockero a un humorista?
–En que deben ser críticos, como todos los ciudadanos. No deben dejar que se les robe lo suyo, su patrimonio, que se llama lo público. Con la privatización sólo pilla una minoría.

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