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Miel de naranjas: Virtudes y reparos (por A. Dopazo)

La intensidad dramática, sobre todo, está algo devaluada, tanto por la escasa credibilidad que desprende la relación entre los dos enamorados?
06-06-2012 10:13
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Una escena de la película.

Una escena de la película.

Le falta un toque de calidad en varios aspectos para ser la gran película que podría haber sido y de ahí que a pesar de su aceptable acogida en el Festival de Málaga, donde Imanol Uribe se hizo con la Biznaga de Plata al mejor director, no repita la suerte de las mejores cintas del cineasta, especialmente Días contados. La cuidada y minuciosa ambientación y la más que loable labor de dos protagonistas recién llegados, Iban Gárate y Blanca Suárez, y el apoyo de un veterano como Karra Elejalde que hace una creación notable, refuerzan la consistencia de la trama, si bien no permiten superar todos sus reparos.

La intensidad dramática, sobre todo, está algo devaluada, tanto por la escasa credibilidad que desprende la relación entre los dos enamorados como por el escaso impacto de momentos que debían dejar una huella profunda. Aun así, el nivel global de la película es más que apreciable. Esta nueva intromisión de nuestro cine en la dura España de la posguerra, inspirada en hechos reales que vivió el padre de la guionista, la debutante Remedios Crespo, recoge datos muy poco conocidos que nos llevan a una Andalucía en los años cincuenta en la que la represión de la dictadura alcanzaba todavía cotas tremendas, con consejos de guerra sumarísimos y penas de muerte para acusados de fomentar la rebelión que eran juzgados sin las mínimas garantías procesales.

El desolador panorama que se vive lo vemos a través de los ojos de Enrique, un joven que está haciendo el servicio militar en un juzgado de la ciudad, que no tiene ideas preconcebidas, pero que es testigo de las injusticias que se están llevando a cabo y que se concentran en la figura del juez militar, Don Eladio, al que no le tiembla el pulso lo más mínimo para proseguir con los fusilamientos. La inequívoca toma de conciencia que esta experiencia lleva consigo brota de la convicción de Enrique de que solo la lucha política contra el régimen puede modificar semejante panorama.

El cuadro sociopolítico es dantesco, aunque no es esa la sensación que desprende. Da la impresión de que la oposición a la dictadura está demasiado generalizada. Elementos que dañan la estabilidad de un producto que prometía más y que aunque contiene virtudes no brillan lo que sería de desear.

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