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'Tres caras': Virtudes de un gran cineasta

El director iraní Jafar Panahi ha rodado esta brillante película en condiciones casi clandestinas
26-11-2018 11:22
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Escena de 'Tres caras'. YouTube

Escena de 'Tres caras'. YouTube

Nos regala el privilegio de deleitarnos con la última y hermosa película del director iraní Jafar Panahi, que rodó en condiciones casi clandestinas, al igual que la última parte de su último trabajo, demostrando que a pesar de las restricciones a la libertad que está sufriendo, incluyendo la cárcel y la prohibición de hacer cine, no está dispuesto a arrojar la toalla. 'Tres caras' sigue al respecto las circunstancias que ya tuvo que sufrir en 'Esto no es una película' y 'Taxi Berlín', lo que no ha sido obstáculo para que brille su categoría y su profesionalidad, virtudes que le han valido el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Lástima, eso sí, que la versión doblada no esté a la altura de lo que se merecía, con soluciones surrealistas en base a las cuales los personajes hablan todos un mismo idioma sin que se entiendan.

Panahi se ha trasladado al Irán profundo ligero de equipaje, con unas cámaras digitales de alta definición que le han permitido rodar sin focos en exteriores y llegar a lugares aislados del noroeste iraní. Con ello podía entrar en contacto con una población rural que es una de las bazas fuertes de la cinta. Su intención era entrar en contacto con mujeres de tres generaciones, la presente, la pasada y la futura, para hacerles algo parecido a un homenaje en función del injusto descrédito que sufren en Irán, donde sigue prevaleciendo un machismo considerable. Además, rodó en tres pueblos muy significativos, el de su padre, el de su madre y el de sus abuelos, logrando un clima de familiaridad que le ha evitado problemas de cualquier índole, especialmente los políticos.

Como en 'Taxi Berlín', los personajes utilizan sus nombres reales, incluido el propio director, que es el actor masculino con un papel más relevante, subrayando el afán de autenticidad de lo que vemos. De esta forma entramos en una sociedad arcaica pero tradicional que deja profunda huella. Lo hacemos de la mano de la actriz Behnaz Jafari, la esposa del realizador, que está impactada por un vídeo que le ha enviado una joven compatriota y que concluye supuestamente con su suicidio. Lo terrible del caso, es que la decisión de acabar con su vida la ha tomado porque su familia no le deja entrar en el conservatorio. De ahí que Jafar y Behnaz opten por emprender ese viaje hacia una dura realidad.

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