Rutas y excursiones

La montaña de los tres santuarios

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En el puig de Randa encontraremos tres santuarios, los de Gràcia, Sant Honorat y Cura. La huella del beato Ramon Llull estará presente en todo el itinerario, una ruta sin complicaciones que puede realizarse en familia.

Ruta:
Randa, Santuari de Gràcia, Sant Honorat, Cova del Beat Ramon Llull, Santuari de Cura
Nivel de dificultad:
Fácil
Duración:
1 hora 15 minutos
Recomendaciones:
Visitar sin prisas los santuarios, y en silencio.
 

Por la carretera que va de Algaida a Cura llegamos al pueblo de Randa. Desde su calle principal, la de l’Església, entramos en la calle de la Font, donde está la fuente de Randa y los lavaderos del pueblo, bajo una porxada. Al final de la calle, que presenta un tramo empedrado, se levanta la creu de Randa, también conocida con el nombre de creu del Coremer. Data de 1846. Situados en la carretera (PM-V-501-8), con el hotel-restaurante Es Recó de Randa a nuestra izquierda, nos despedimos del pueblo. A nuestra derecha observamos un grupo de encinas que forman parte del castigado, por los incendios, puig de Son Reus. Después de caminar cinco minutos encontraremos un portillo con barrera metálica, en una curva hacia la izquierda. Nos adentramos en este camino de herradura. En la ligera subida nos acompaña, por la izquierda, una torrentera. También estepes blanques, carrizo, matas y algún pino. En diez minutos llegamos a la carretera, junto a una pared seca, tras atravesar otro portillo con barrera de metal. Según entramos en la carretera, a la derecha, se encuentra el portillo, de grandes dimensiones, del santuari de Gràcia.

Dejamos momentáneamente la carretera de Cura y ponemos rumbo al santuario, por el camino asfaltado, que unos metros más adelante deja a la derecha otro que comunica con Llucmajor. Todo los años el domingo después de Pascua se celebra una popular peregrinación al templo con una gran afluencia de fieles. A medida que andamos en dirección a Gràcia vemos a la izquierda los acantilados de la peña de la Falconera que separan Gràcia de otro santuario, el de Sant Honorat. Los acantilados son impresionantes y se encuentran ocupados por palomos salvajes. También hay algunos algarrobos, alguna que otra chumbera y matas, especies vegetales que se agarran a las paredes para sobrevivir. El santuario de Gràcia ocupa una gran gruta natural de 40 metros de ancho y 9 de profundidad. Su origen se remonta a la mitad del siglo XVI, cuando dos frailes se retiraron a este lugar. La primera capilla se levantó en 1497. El templo actual fue construido entre 1770 y 1820. La imagen de Nostra Senyora de Gràcia es de estilo gótico, probablemente del siglo XV, y es una de las representaciones de la Inmaculada más antiguas que se conservan en Mallorca. Desde el santuario de Gràcia disfrutaremos de un bello panorama sobre la llanura de Llucmajor y sus alrededores y si el día lo permite se puede vislumbrar la isla de Cabrera.
Giramos a la derecha y en la misma curva encontramos un camino de herradura, a modo de atajo. Se encuentra a la derecha de la carretera. Avanzamos por este nuevo atajo y a pocos metros torcemos a la derecha, por otro camino que será el que nos conduzca hasta Sant Honorat. A nuestra derecha tenemos ahora una pared baja y sobre nuestras cabezas unos cables de electricidad, demasiado bajos. El ascenso es breve y nos deja en la explanada de Sant Honorat. Unos azulejos policromados nos recuerda al fundador del santuario, Arnau Desbrull (en 1394), junto a Ramon Llull, iniciador de la tradición eremítica del puig de Randa. Sobre ellos, Nostra Senyora del Desert, patrona de los ermitaños. La iglesia fue terminada en 1661. El templo es de planta rectangular con tres capillas a cada lado. El presbiterio es de planta cuadrangular y contiene el retablo mayor, que data de 1928.
Nos alejamos del santuario de Sant Honorat por el camino asfaltado que nos devolverá a la carretera de Cura. Dos carteles para ciclistas nos indican que Cura está a 3,4 km de distancia y Randa queda a 1,8. A llegar a la carretera torcemos a la derecha. A unos ciento cincuenta metros se halla una lápida que recuerda cómo se recuperó, tras invocar a Ntra. Sra. de Cura, un accidentado por explosión de barrenos en 1927, al construirse la carretera. Doscientos metros más adelante de esta lápida, en una curva a la derecha de la carretera, tomamos el atajo, en pendiente y hacia la izquierda. Este atajo nos deja de nuevo en la carretera, a la altura del km. 3,470. Avanzamos sobre el asfalto y pasados unos metros el punto kilométrico 3,5 encontramos el camino viejo. Hay que fijarse bien, ya que está un metro por encima de la carretera, sobre un profundo corte de piedras muy fragmentadas. En cualquier caso, si no damos con este camino, en el km. 3,650 existe un atajo que sale a la derecha de la carretera y enlaza con este camino. Bien por el atajo, bien por el camino, un poco más arriba volvemos a encontrar la carretera (km. 4,050), para cruzarla y caminar directamente hacia la gran cúpula que domina las instalaciones aéreas. Ya nos queda muy poco para llegar al monasterio de Cura. Seguimos pues por la carretera. A la derecha veremos un camino que baja a las casas de Albenya, a la sombra del macizo de Randa, y al llogaret de Castellitx, antigua alquería musulmana cuyo oratorio es una de las primeras iglesias de repoblación (ya aparece reseñada en la Bula papal de Inocencio IV de 1248). A las primeras llegaríamos en menos de una hora y a Castellitx en unos 85 minutos. De Castellitx a Algaida tan solo hay tres kilómetros de distancia, un tramo cómodo y agradable que transcurre por un frondoso pinar. Las instalaciones de control aéreo quedan a la izquierda de la carretera. Ya en la recta final, a nuestra derecha, existe un lugar llamado el Cocó del Corb, donde antiguamente se bendecían los campos mallorquines el tercer domingo de Pascua.

Antes de entrar en el santuario de Cura visitaremos la cueva del Beat Ramon Llull. Para ello debemos girar por un camino asfaltado que sale a la izquierda de la carretera, a pocos metros del santuario, y que desciende hacia una torre de electricidad y una barrera metálica que no cruzamos, ya que deberemos coger el sendero que sale a la izquierda, justo delante de la barrera. Una vez en el sendero, llegaremos a la cueva en menos de un minuto. Al recinto en el que se halla la cueva se accede a través de un portillo. El recinto está delimitado por marges en mal estado de conservación y el área está invadida por la vegetación. Cuenta la tradición que a esta humilde cueva Ramon Llull se retiró en 1275 y que fue allí donde se generó la leyenda de la Mata Escrita, según la cual el sistema filosófico le fue revelado al Doctor Iluminado de forma sobrenatural por mediación de una mata con escritos. Otra tradición sitúa en este lugar la aparición de Jesús crucificado. En 1275 Ramon Llull mandó colocar en la cueva un altar dedicado a la Virgen, llamada después Nostra Senyora de Randa. La cueva fue parcialmente destruida en el siglo XVIII. Antiguamente era más grande, hasta que una enorme roca sepultó parte de ella. En los últimos años ha sufrido actos vandálicos. La imagen de Ramon Llull fue mutilada, de brazos y cabeza, y la lápida colocada en 1933 que sirve para recordar la aparición de Jesús Crucificat ha sido pintarrajeada. En la lápida aún se puede leer: “Aquest és el lloc on se retirava el benaventurat Ramon Llull a pregar a Déu: estant en alta contemplació li aparegué Jesús Crucificat, al qual s’abraçà Ramon i desapareguent Jesús li deixà la creu entre els braços. Els Terciaris d’Inca en el VII Centenari del naixement del Beat”.

Dejamos atrás la cueva y volvemos al camino asfaltado que nos devolverá a la entrada del santuario de Cura. El acceso al recinto del santuario de Cura se realiza por un amplio portal coronado por una gran cruz central. En el centro del frontón está el escudo franciscano y la media luna luliana. Dentro del recinto encontramos una gran explanada, con las celdas a la izquierda del patio y las edificaciones religiosas (iglesia, monasterio y la antigua escuela) a la derecha. Al fondo hay un bar restaurante. En 1449, el lulista catalán Pere Joan Llobet restauró la capilla de la Mare de Déu de Randa, instituida por Ramon Llull, y fundó una escuela de Arte luliana que desapareció en 1460, con la muerte de su iniciador. Años más tarde, hacia 1502 y en un ambiente impulsado a partir del Estudi General, se fundó, junto a la antigua capilla de la Mare de Déu de Randa, el Colegio de la montaña de Randa, después Colegio de Cura. El Colegio perduró hasta 1826. A principios del siglo XX, el obispo Pere Joan Campins restauró el antiguo santuario y en 1913 se instalaron los terciarios franciscanos.

Guía de excursionismo de Mallorca, por Gabriel Rodas.
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