Rutas y excursiones

Cala Varques y calas colindantes

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Manacor - Illes Balears - Mallorca

Visitar Cala Varques es como sumergirse en la Mallorca de hace medio siglo. Esta playa, al igual que las de los alrededores, ha escapado de las urbanizaciones del resto del litoral del levante de la isla y conserva un gran valor paisajístico.

Ruta:
Carretera de Porto Cristo a Porto Colom, Cala Varques.
Nivel de dificultad:
Muy fácil.
Duración:
20 minutos.
Recomendaciones:
La excursión se puede alargar visitando las calas de los alrededores.
Las playas: (clica sobre ellas para conocer más información)
Cala Virgili
Cala en Tugores


Cala Antena
Cala Magraner
Caló Bota
Cala Domingos

Cala Varques

Cala Varques forma parte del Área Natural de Especial Interés (ANEI) de las Cales de Manacor, denominación turística que tiene su origen en el año 1962. Está situada en la comarca de Manacor, entre S’Estany d’en Mas, donde ha surgido la urbanización Cala Romàntica, en lo que antes fue una zona inundada que sólo frecuentaban los mosquitos, y Es Domingos Petits, playa que también es conocida desde tiempos recientes como Cala Tropicana y que toma su nombre del establecimiento hotelero construido en las inmediaciones de la arena.


A Cala Varques sólo se puede acceder en barca o a pie, por un camino que parece hecho a partir de un torrente. El sendero se encuentra al final de un camino rural situado en la carretera que va desde Porto Cristo a Porto Colom. Dicho camino rural está situado justo después del desvío hacia Cala Romántica. Localizarlo puede resultar problemático, porque no existe ningún cartel que indique la dirección a Cala Varques. Sin embargo, la torre de defensa de las casas del predio de Son Forteza Vell, visible desde la carretera, nos ayudará a reconocer el camino adecuado. Las frecuentes incursiones piratas de los siglos XVI y XVII provocaron que esta zona de Mallorca permaneciese despoblada y que las pocas viviendas tuviesen que ser edificios fortificados.

La possessió de s’Hospitalet Vell, unos kilómetros más adelante en dirección a Porto Colom, es otro claro ejemplo de construcción defensiva. El secuestro fue una práctica habitual de los piratas berberiscos.
El Arxiduc Lluís Salvador recoge una canción popular en su Die Balearen que trata precisamente sobre estas temidas prácticas:


“Girad la nave
que llorando va.
–Llevadme al puerto
donde mi padre está.
–Padre mío ¿Me queréis rescatar?
Los moros me venden.
–Hija mía decid, decid
¿por cuánto os venden?
–Padre mío, por cien escudos
vuestra sería.
–Hija mía, por calderilla
no os rescataría...”


Al final del camino rural, donde dejaremos el coche, sin nada de valor a la vista, pues son frecuentes los robos, encontraremos unas puertas de hierro con cadena y candado. También unas pintadas que nos prohiben entrar. Con total tranquilidad, franquearemos los portones por el hueco que dejan al no estar cerradas del todo. El sendero, con algunas piedras que dificultan el paso, nos llevará hasta Cala Varques en pocos minutos, en un constante ligero descenso. La vereda cruza un bosque de pino y monte bajo, con acebuches, lentisco y carrizo. El camino no encuentra bifurcación alguna, por lo que resulta imposible perderse. Durante el paseo es habitual hallar el rastro de vacas.


Desde Cala Romàntica también se puede acceder a Cala Varques en un tiempo aproximado de una hora, por un camino costero que posibilita conocer las cuevas de la zona, atraviesa Cala Falcó y salva un puente natural que no es otra cosa que el resultado del hundimiento del techo de una cavidad subterránea.
 

Cala Varques es la playa más popular de todo el conjunto de calas vírgenes de esta zona. También es la más extensa, con ochenta metros. Es de arena fina y sus aguas son cristalinas, con tonos azules, verdes y turquesas. Está rodeada de rocas, pinar y cuevas.

La más famosa de ellas es la Cova del Pirata, llamada así por un suceso acontecido en 1760, cuando unos piratas atacaron el predio de Son Forteza y secuestraron al amo con el fin de pedir un rescate. Su hijo corrió tras ellos y acompañado de los suyos se enfrentó a los piratas en la playa, logrando rescatar al padre y provocando la huida de los moros. Uno de ellos, sin embargo, no pudo escapar al romperse una pierna con una roca, por lo que tuvo que buscar refugio en la cueva. Allí sobrevivió un tiempo, alimentándose de los animales que encontró, como cabras y corderos. Un día unos pescadores le encontraron y se lo llevaron a Son Forteza, donde fue curado. Agradecido, el pirata se convirtió al cristianismo y acabó casándose con la hija del amo.


La Cova del Pirata es en realidad un conjunto de cavidades naturales de unos 800 metros de longitud. Se halla junto a Cala Falcó, en la finca de Can Fresquet, a la izquierda de Cala Varques, según miramos al mar. Conocida desde la antigüedad, consta de varias salas con estalactitas y estalagmitas, y con lagos de aguas salobres. La cueva fue preparada para su explotación turística, por lo que en su interior se pueden encontrar bancos y escalones labrados en piedra. Se dice que esta cueva tiene múltiples salidas, tanto por la garriga como por el mar, e incluso por Cala Varques, donde hay dos entradas, a mano derecha, aunque desconocemos si llegan a la gran cueva. Lo que sí podemos comprobar es que las cuevas de Cala Varques, a mano derecha, mirando al mar, han sido ocupadas en los últimos tiempos por gentes que duermen allí en cuanto el buen tiempo aparece. El mal olor que despide la cueva la hace casi inaccesible.

Exploraciones subacuáticas han localizado una galería inundada que comunica la Cova del Pirata con la Cova des Pont, dentro de la misma finca. Esta segunda cavidad tiene una extensión de 1.075 metros. Conviene recordar que estas cuevas no están abiertas al público ya que en ellas es muy fácil perderse.
Si nadamos un poco y desde Cala Varques braceamos hacia la izquierda podremos observar la Cova des Coloms, que solo es accesible desde el mar y es subacuática. En la cala también hay una zona de bulders (escalada sin cuerda y caída al agua).

La excursión a Cala Varques y sus alrededores puede realizarse todo el año, aunque sobra decir que la playa en verano está muy concurrida y es habitual encontrarse con una gran cantidad de barcos en sus aguas. Quizá la mejor estación para visitarla sea primavera, con el añadido atractivo que ofrece la vegetación. La flora de la zona se ha adaptado a las dificulades del terreno, tomando formas que las defienden de los vientos. Tal es el caso de los cojinetes, labiérnagos o astrágalos. De entre éstos destaca un endemismo, el launaea cervicornis, conocido con los nombres de socarrell, eriçó, gatell o gatovell. También abundan las lechetreznas, que escupen un látex al ser cortadas; y el safrà bord, planta perenne que reconoceremos por sus tonos violetas y sus seis pétalos. En los acantilados también podremos encontrar cardos marinos, azucenas de mar, orquídeas e hinojo marino, tan utilizado en la cocina mallorquina.


Con prismáticos y un poco de suerte, se pueden observar especies marinas de aves como el corb marí, el palomo salvaje o el virot. También algunas aves de rapiña como el cernícalo (xoriguer), el mochuelo o el falcó (halcón peregrino).


Como dijimos al principio, el paseo a Cala Varques se puede convertir en una larga excursión hasta Cala Antena. Visitar todas las calas en un solo día puede resultar muy duro. Además, no hay camino. Éste se hace al andar, entre las rocas, lo que ralentiza el paso.

Otras playas y calitas


Es recomendable llevar botas de montaña para no sufrir imprevistos con las puntiagudas rocas. Cala Sequer es la primera cala de interés que encontraremos en dirección a Cala Tropicana. Es de arena y tiene una extensión de unos veinte metros. Tiene un camino que discurre entre propiedades privadas y llega hasta la playa. Pasado el Caló des Serral, llegaremos a Cala Magraner, que constituye un claro ejemplo de cómo eran las calas del litoral del levante mallorquín antes de las construcciones turísticas de las últimas décadas. Es la desembocadura de un torrente y en su tramo final conserva una zona húmeda inundada al mismo nivel que el mar. Es de arena y cantos rodados, con una anchura de unos sesenta metros.


A su derecha están Cala Pilota, llamada así por la multitud de algas con figuras ovaladas que se acumulan en la arena; y Cala Virgili, que tiene el mismo acceso que Cala Pilota y Cala Magraner, a través de los caminos construidos por la empresa que debía urbanizar esta zona. La última de las Cales de Mallorca es Cala Bota, muy pequeña, de unos veinte metros de ancho, de arena y cantos rodados.

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